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#menos1victima

Rosa Diaz Founder of More Than 1 Victim

Rosa Diaz
Fundadora de másde1víctim

Para las víctimas~

Tenemos más en común de lo que crees, porque sé que lo que ocurre a puerta cerrada es la versión de nuestras historias que rara vez compartimos.

Sé lo que es sentir el miedo paralizante que tú aún puedes estar experimentando. Sé lo frío que se siente el cañón de una pistola cuando toca tu piel. Sé que el miedo tiene varios niveles, desde el instinto visceral hasta el terror que se experimenta porque creemos que estamos a punto de morir. Sé lo que se siente cuando te consume la vergüenza y deseas desesperadamente que las cosas vuelvan a ser como antes de que todo se complicara tanto. Sé lo que es sentirse tan indigno que depositas tu esperanza en las mentiras de que las cosas mejorarán y que nunca volverá a ocurrir. Sé que los momentos de reconciliación se acortan con el tiempo. Sé que las promesas vacías se convierten en curitas que pones en tus heridas. Sé que tu inseguridad y tus dudas sobre tu identidad, tu vida y tu futuro son el ancla que te sujeta. Sé que el miedo, la ira, la culpa, la vergüenza y el arrepentimiento son las emociones que te impiden tomar las riendas de tu vida. Sé lo solo que te sientes en una habitación llena de gente. Sé de tu ansiedad y depresión y cómo has considerado rendirte y no despertar nunca a tu realidad. Sé lo que es querer que todo acabe y no encontrar el valor para marcharte. Sé que la lista de excusas se hace más extensa con el tiempo. Sé de las mentiras e historias encubridoras que inventas para ocultar tu realidad. Sé que te sientes incomprendido y piensas que no hay salida. Sé que has olvidado a la persona valiente que solías ser. Sé que estás sufriendo. Estoy aquí para decirte: te comprendo porque yo fui tú; yo sé.

Rosa Diaz Founder of More Than 1 Victim

Rosa Diaz
Fundadora

Cross on hill

A pesar de todo lo que he vivido, me siento bendecida por poder elegir el desenlace de mi historia. Por desgracia, muchas víctimas no fueron tan afortunadas. Quizá lo que voy a contarte no sea lo que quieras oír, pero es necesario si quieres sanar y superar todo lo que has sufrido. Todos hemos escuchado la expresión mano dura, y en parte de su definición implica asumir la responsabilidad de nuestros actos. Quiero que sepas que también es necesario extender esta forma de amor a nosotros mismos. Puede que te preguntes por qué necesitas asumir la responsabilidad. Permíteme recordarte que esto es clave por un par de razones: en primer lugar, por nuestra contribución al entorno tóxico, y en segundo lugar, por no marcharnos, o quizás, como fue en mi caso, por ambas cosas. Un error común es pensar que asumir la responsabilidad de nuestros actos disminuirá el impacto de nuestra experiencia y justificará a la persona que nos dañó. Sin embargo, esto no podría estar más lejos de la realidad. La responsabilidad produce el efecto contrario: nos da poder porque nos libera. Comprendo lo complicado de las relaciones, y solía creer que una historia tenía dos caras hasta que leí en alguna parte que hay tres caras: la tuya, la mía y la verdad. Reflexionando sobre mi participación en una relación abusiva, esto es cierto. Porque la que tenía toda la verdad era la que yo intentaba ocultar. Permítanme compartir esa parte de mi historia, ya que puede resonar con ustedes.

También sé que el miedo y la ira se convirtieron en mis compañeros constantes tras el terrible acto de violencia, y me convertí en alguien que se defendía a pesar de hacer daño a los demás. Sé lo que es sentirse segura y, sin previo aviso, perder la sensación de seguridad y luego pasarte la vida fingiendo que no tienes miedo. Me olvidé de mis sueños, perdí toda esperanza y amé de forma distinta después de aquel día. Sé que, como vivía atrapada en el ciclo tóxico de las emociones, no supe controlar mis reacciones y apareció una persona vengativa que no conocía. Sé que hice daño y pasé por alto el bienestar y la seguridad de mis vulnerables hijos. Sé que, a veces, infligir dolor era intencional. Sé que cuando tuve miedo, sentí ira como nunca y me desahogué sin medir las consecuencias. Sé que muchas veces, tras escalar las discusiones hasta niveles peligrosos, volví a temer por mi vida. Sé que las palabras se convierten en armas poderosas cuando se combinan con un tono elevado; hasta la fecha, puedo ver el dolor que dejan las secuelas de su camino destructivo. Sé que tenía una idea distorsionada del amor. Ahora sé, sin lugar a duda, que eso no era amor. Perdí el tiempo intentando cambiar a la otra persona, sólo para descubrir que era yo quien tenía que cambiar. Sé que lo último en lo que pensaba convertirme era en un abusador, pero en eso me convertí.  

Nadie tiene previsto convertirse en una estadística de violencia doméstica. A lo largo de los años, he conversado con muchas víctimas y he asistido a grupos de apoyo; he escuchado a otra persona compartir su historia que, irónicamente, es idéntica a la mía. Sin embargo, después de convertirme en estadística comprendí que la única forma de superar mi experiencia es asumir la responsabilidad de cómo reaccioné tras lo que sufrí. No busqué ni merezco lo que me ocurrió; ni mucho menos. Pero sin duda, las acciones de los demás nos afectan y, en algún momento, acabamos reaccionando. La manera en que reaccioné después de lo que me pasó me convirtió en una persona increíblemente tóxica y llena de ira, y sin duda herí a las personas que quiero. Afortunadamente, aprendí que para superar lo que viví, debía que cambiar el enfoque y centrarme en mí, no en la persona que me hizo daño. Descubrí el poder que conlleva asumir la responsabilidad de mis actos y adopté una nueva forma de compartir mi historia: esta vez, me aseguro de que tengas acceso a todos los hechos. 

No me disculpo al animarte a ser honesto y a responsabilizarte si esto te afecta. Y espero que no te ofendas porque te aseguro que no es mi intención. Estoy convencida de que es la única manera de sanar y ejercer el derecho que Dios nos ha otorgado a vivir una vida libre y en paz. Me pregunto: ¿qué harás tú con todo lo que ya sabes? Puede que pienses que tu historia es diferente a la mía, aunque es probable que encuentres similitudes cuando adquieras el valor de aceptar las partes buenas, las malas y las feas de tu historia. Somos imperfectos y estamos rotos; la vergüenza es algo habitual en nuestras historias. Todos intentamos sobrevivir lo mejor que podemos. La diferencia entre los que sanan y superan, es que asumen la responsabilidad de sus actos y aprenden de sus experiencias antes que los demás. En cuanto a mí, yo encontré mi valor y mi fuerza en Dios. Cuando adquieras el valor, podrás unirte a mí en el otro lado. Recuerda, que no podemos reescribir nuestras historias, pero sí utilizar las lecciones aprendidas y redefinir los capítulos restantes. Atrévete a vivir el resto de tu vida con paz, propósito y sentido. Recuerda que no estás solo.

Comparta su historia

La vida no es una competencia para alcanzar la perfección. La mayoría de nosotros intentamos proyectar una imagen perfecta de nuestras vidas y relaciones, temerosos de revelar la verdad sobre nosotros mismos. Sin embargo, los filtros sólo mejoran nuestra apariencia y nuestro entorno y no reflejan la realidad. La perfección es un mito inalcanzable, y fingir sólo retrasará lo inevitable, que es realizar la temida evaluación de nuestra contribución a nuestros estados rotos. Una vez que nos despojamos del uso de filtros, podemos abordar nuestros defectos y errores y, por fin, puede comenzar el proceso de sanación.

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No te desanimes durante los momentos difíciles.

Cuando observamos más de cerca, podemos encontrar las bendiciones que se esconden dentro de las dificultades. Estos desafíos revelan áreas de nuestras vidas que necesitan atención y cambio de dirección. Sólo a través de afrontar las dificultades obtenemos conocimientos valiosos y claridad, y resurgimos más fuertes, más sabios y con una visión clara de nuestro propósito.

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Nuestras experiencias pueden crear una fuerte conexión con los demás.

Nuestra historia está llena de emociones, lo que nos hace identificables y humanos. La historia de todo sobreviviente tiene un antes y un después. Con esto en mente, he creado una plataforma en la que las personas pueden compartir sus historias e inspirar a otras a sanar y a descubrir su definición del éxito. Te invito a escribir el después de tu historia resumida en pocas palabras. El movimiento #menos1víctima anima a los sobrevivientes a compartir sus historias de éxito e inspira a otros a encontrar el valor para hacer lo mismo. Únete a nosotros para eliminar tu nombre de la lista de las estadísticas.

What is a Victim of Circumstance?

We have not resolved the problem of Domestic Violence, as we are missing a critical element necessary to end this impending crisis. We have failed to identify the root cause of the problem. Since we enter the world, our stories begin the same way. We have no way to control the environment we are born into. If the settings are toxic and unhealthy, it will have a lasting negative impact on our lives. There is no way to predict how these experiences will affect us or how we will react later in life to what happened to us. 

Along the way, we connect with partners whose stories began the same way. And if neither of us recognized and healed our pain from what we endured before coming together, if we have children, we provide these future generations with the same beginning to their story. We create the same pattern of uncontrollable circumstances for them, just like the previous generations created for us. And the cycle repeats itself, and we keep adding to the count of victims of circumstance. 

The purpose of identifying that we form part of the statistics of the victims of circumstance is not to blame our parents or caregivers nor victimize ourselves; it is solely to begin healing. After acknowledging that we are all exposed to out-of-our-control environments where we acquire our pain and trauma, we can empathize with one another, aware that we share a common past. Furthermore, we focus on self-healing and self-forgiveness, which ultimately leads to the forgiveness of others. Although our stories begin the same way, we choose if we allow our beginning to define our ending; we all have the power to shape our outcome. 

Domestic Violence:
the Oldest Pandemic

Violent acts have a profound and far-reaching impact beyond the immediate victims. Domestic violence not only affects the victim and the abuser; it also affects the children, family, friends, neighbors, co-workers, and law enforcement responders. It is essential to remember that the children who grow up witnessing domestic violence suffer significant harm that lasts a lifetime. 

All experiences produce an action and a reaction, and in a high percentage of acts of violence, our response is defensive. Unfortunately, verbal abuse and aggressive behavior are common ways we respond. When combined with heated emotions, these actions can create dangerous situations, resulting in long-term abuse and possibly death. We must take action to end the senseless violence.  

None of the solutions currently available, such as anger management courses, incarceration, seeking refuge, divorce or separation, involvement of law enforcement, or support programs to assist those of us trapped in these situations, have prevented, let alone resolved, the pandemic Domestic Violence has turned into. This is because the measures mentioned above are reactive.  

We will end Domestic Violence when we understand that taking responsibility for our actions and reactions is the only way to heal. We must stop blaming others. We are the solution because we are part of the problem. Each one of us can contribute to ending this detrimental social crisis: one person, one family, one home, one city, one county, one state, one country, and one continent at a time. It is a fundamental human right for everyone, regardless of age, gender, sexual preference, social status, race, demographic location, or religion, to live in safe and healthy environments; it is time to reclaim this right.

The 5 Emotions of Domestic Violence

The impact of violence on someone’s life is always adverse. When it comes to abuse, it is especially concerning because we experience a fear that leaves us vulnerable and unsafe. This feeling is like a disability that takes away our sense of security. It then introduces anger, and when we release it, we feel guilt. Moreover, we become consumed with shame and regret for how we reacted. These emotions appear to have no end, keeping us trapped, going from one to another. Our actions always have consequences; in many cases of violence, most of us resort to defensive measures, increasing the likelihood of exhibiting equally aggressive behavior like our abuser. And this becomes an emotional prison sentence we never signed up for.

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